Chapter 2:

Un Corazón Sabio

En el Salmo 90, Moshé Hanavi (el Profeta Moisés) canta un salmo a Yahweh, su Creador.

Tehillim (Salmos) 90:10-12
10 Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos.
11 ¿Quién conoce el poder de tu ira, Y tu indignación según que debes ser temido?
12 Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.

La oración de Moshé fue para que Yahweh nos enseñe a contar nuestros días, para que podamos ganar un corazón sabio.

Pero ¿qué quería decir Moshé con esto? ¿Cómo numerando nuestros días nos llevará a ganar un corazón sabio?

Vamos a seguir adelante y contar nuestros días, para que podamos saber lo que Moshé quería decir. Quizá, en el resultado de numerar nuestros días, nosotros también podamos ganar este corazón sabio. Pero ¿cómo debemos contar nuestros días?

Empecemos contando cuántos tenemos.

Treinta Mil Días

La canción de Moshé nos dice que el israelita promedio vivirá hasta aproximadamente setenta años.
Sin embargo, si somos fuertes, podemos vivir hasta los ochenta años.

10 Los días de nuestra edad son setenta años, pero si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su orgullo es sólo trabajo y pesar, porque pronto pasan, y volamos.

Mientras que hay 365 días en el calendario romano occidental (gregoriano), sólo hay 360 días por año en el calendario hebreo. Sin embargo, para poder ajustarse al principio de la temporada de cultivo agrícola en Israel, el calendario hebreo agrega meses bisiestos de vez en cuando. Siendo que ese el caso, durante milenios, el año promedio funciona a 365.25 días por año, vamos a utilizar ese número aquí.

Si vivimos por 70 años (verso 10), entonces en 365.25 días por año, la mayoría de nosotros viviremos aproximadamente 25.568 días.

70 x 365.25 = 25.568

Vamos a redondear esta cifra a 26.000.

Si vamos a vivir hasta los 80 años (por razón de la fuerza), entonces vamos a vivir aproximadamente 29.200 días.

80 x 365.25 = 29,200

Vamos a redondear esta cifra a 30.000.

De acuerdo con la Escritura, la mayoría de nosotros no viviremos más de treinta mil días. Nuestra vida personal (individual) podría promediar un poco más o menos que esto, pero el punto es que nuestros días son finitos y limitados.

¿Pero cómo el entendimiento de que nuestros días son finitos y limitados nos ayudará a ganar un corazón sabio? La respuesta tiene que ver con nuestra recompensa eterna.

Ganando Nuestra Recompensa

No puede haber ninguna duda de que la salvación es un regalo gratuito. La Escritura es clara en que la salvación viene por gracia mediante la fe, e incluso la fe que se nos ha dado no es por nuestro propio hacer, es un don de Elohim (del cual no somos dignos).

Ephesim (Efesios) 2:8-9
8 Porque por gracias sois salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Elohim;
9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Ningún hombre debería glorificarse, nuestra salvación no es algo que nos hemos ganado.

Y, sin embargo, al mismo tiempo la Escritura es también muy clara al decir que, aunque la salvación es un don gratuito, la recompensa que recibiremos será determinada de acuerdo con nuestras obras.

Hitgalut (Apocalipsis) 22:12
12 “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Parábola de las Minas

Yeshúa nos dice que, si no usamos nuestras vidas para servirlo después de recibir nuestra salvación, no podremos tener una recompensa.

En la parábola de las minas, Yeshúa nos dice que, si no valoramos nuestro don gratuito de la salvación lo suficiente como para comprometer nuestras vidas a servirlo después de ser salvos (y para la edificación de Su reino), entonces sólo podremos mirar hacia a un castigo eterno.

Al leer el siguiente pasaje, trata de pensar en las diez minas que el maestro les da a sus diez siervos en sus vidas después de la salvación.

Luqa (Lucas) 19:11-27
11 Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Yeshúa y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y ellos pensaban que el reino de Elohim se manifestaría inmediatamente.
12 Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver.
13 Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo.
14 Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.
15 Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.
16 Vino el primero, diciendo: Maestro, tu mina ha ganado diez minas.
17 Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.

El primer siervo que uso su vida, después de su salvación, para ganar más almas para Yeshúa, será recompensado con bastante en la nueva tierra.

18 Vino otro, diciendo: Maestro, tu mina ha producido cinco minas.
19 Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.

Aunque no es tan exitoso como el primer siervo, el siervo segundo también dedicó su vida, también tendrá gran parte en la nueva tierra (de acuerdo con su trabajo).

20 Vino otro, diciendo: Maestro, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo;
21 porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.
22 Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;
23 ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?”

¿Qué significa cuando Yeshúa dice, “…poner mi dinero en el banco, para que, al volver yo, lo reciba con los intereses?” Es posible que Yeshúa quisiese decir: ¿Por qué no ayudaste a los que, si están haciendo el trabajo, ya que tu mina podría haber sido utilizado para ayudar a construir Mi reino?

24 Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.
25 Ellos le dijeron: Maestro, tiene diez minas. 26 Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; más al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

Efraim ha estado escuchando el mantra de la iglesia cristiana del “amor sin reglas” durante tanto tiempo que se ha olvidado quien realmente es el Mesías. Se ha olvidado de que Yeshúa es un Rey que, como cualquier rey, exige lealtad y servicio: Él promete matar a todos los que no dedican sus vidas al servicio de Su reino.

27 Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos frente a mí.

Al igual que a la tribu de Judah le cuesta mucho aceptar que Yeshúa es el Mesías, Efraim a veces tiene dificultades con la idea de que el Mesías es en realidad un dictador imperialista que promete matar a todos los que dicen que creen en él, pero no utilizan su salvación para servirle.

El Mesías: Hijo del rey David

Puede ser algo difícil de digerir, pero la idea preconcebida de la mayoría de los Efraimitas, de cómo “quieren” que sea el Mesías, no es lo mismo que el Mesías llegó a decir sobre sí mismo.

Fue profetizado que el Mesías sería el Hijo del rey David (por ejemplo, 2 Samuel 7:12-15), el rey David fue un conquistador militar para Yahweh. Era un hombre con una actitud de “no tomar prisioneros”.
Shemuel Bet (2ª de Samuel) 8:1-4
1 Después de esto, aconteció que David derrotó a los filisteos y los sometió, y tomó David a Meteg-ama de mano de los filisteos.
2 Derrotó también a los de Moab, y los midió con cordel, haciéndolos tender por tierra; y midió dos cordeles para hacerlos morir, y un cordel entero para preservarles la vida; y fueron los moabitas siervos de David, y pagaron tributo.
3 Asimismo derrotó David a Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba, al ir éste a recuperar su territorio al río Éufrates.
4 Y tomó David de ellos mil setecientos hombres de a caballo, y veinte mil hombres de a pie; y desjarretó David los caballos de todos los carros, pero dejó suficientes para cien carros.

Génesis 1 nos dice que todos los seres vivos se reproducen según su propio género (por ejemplo, Génesis 1:24), y Judah típicamente comprende que esto implica que el Mesías sería también un dictador militar imperialista, al igual que su antepasado el rey David.

A un Efraimita tal vez no le guste escuchar esto, y se podrían pensar que suena cruel, pero el rey David fue un conquistador imperialista que no tuvo reparos en matar o esclavizar a cualquier persona que se negó a servir al verdadero Creador del cielo y de la tierra, Yahweh Elohim, y que, por extensión, su semilla (Yeshúa) muy probablemente se comportará de la misma manera.

Nótese, pues, que Yeshúa también habla de igual manera como lo hizo el rey David. Yeshúa promete matar a todos los que se niegan a dedicar sus vidas a servir a Yahweh y avanzar Su reino aquí en la tierra.

Luqa (Lucas) 19:27
27 Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá,
y decapitadlos frente a mí.

Esto está de acuerdo con la comprensión de las otras parábolas de Yeshúa que nos dicen que aquellos que no lo toman en serio el servir a su marido, no van a ser llevados al banquete de bodas, sino que serán descartados, quemados o arrojados fuera.

Mattityahu (Mateo) 13:47-50
47 Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que, echada en el mar, recoge de toda clase de peces;
48 y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y echan fuera lo malo.
49 Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,
50 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Nota lo lejos que es esto del ideal cristiano de la “gracia barata”. En lugar de abrazar a los perezosos en su vanidad, Yeshúa se compromete a abandonar a los vagos por su laxitud. Tal vez esto viene como una sorpresa para mucha gente, pero ¿por qué será que las palabras de la Escritura vienen en forma de choque?

Los Niños Aprenden con el Ejemplo

Al igual que las acciones hablan más que las palabras, los niños aprenden observando e imitando a sus padres. El ejemplo que un padre da a sus hijos tiene un impacto directo en su comportamiento.
Entonces, ¿qué clase de ejemplo estamos dando a nuestros hijos con nuestros treinta mil días? ¿Estamos dando a nuestros hijos un ejemplo de cómo ganar una recompensa eterna por sí mismos? Es decir, ¿hemos hecho todo lo posible con la mina llamada “hoy”, para que nuestros hijos aprendan a obtener la recompensa de los justos? ¿Y qué hacemos con la mina llamada “mañana”, para ayudarles a tener realmente el éxito? ¿Hay algo más que podamos hacer?

¿Todavía Quieres Mantenerte Entretenido?

Hermano, ¿has entregado tu vida al Mesías? Y si es así, ¿todavía ves televisión? ¿todavía pasas tu tiempo viendo películas de Hollywood y teleseries? ¿Cómo estás gastando las minas de tu Adon?

Las minas se parecen mucho al dinero real: si no tomas una decisión consciente para invertir de forma inteligente, pronto desaparecerán, y volarán lejos. Los días de nuestras vidas son también así. Si nosotros no permanecemos en nuestras labores, pronto las “minas de nuestras vidas” se habrán ido, y no tendremos nada para compensar por ellos.

Tehillim (Salmos) 90:10
10 Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo,
Porque pronto pasan, y volamos.

Hermano(a), déjame preguntarte: Si estás esperando una recompensa eterna, ¿entonces has dado la vida al Mesías? Y si has dado tu vida al Mesías, ¿cuánto tiempo pasaras construyendo el reino de tu Maestro?

¿Oidores o Hacedores?

Hermano, seamos honestos con nosotros mismos. ¿Somos oyentes o hacedores de la palabra? Aun, más importante que esto, ¿hasta qué punto somos hacedores de su palabra?

Ya’akov (Santiago) 1:22-24
22 Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
23 Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.

Tal vez descansas en Shabbat y en los días festivos, y tal vez usas el tzitzit. Pero, ¿realmente vives tu vida con fe? ¿honestamente estas haciendo todo lo posible para ayudar a construir el reino de Yeshúa, aquí en la tierra?

Te has preguntado ¿Cuánto tiempo pasas haciendo cosas de este mundo material? ¿Qué tan importante es para ti tu automovil, tu tarjeta bancaria, tu apariencia y tu casa? Y si me permites ser franco, ¿cuánto dinero gastas en cosas que no hacen nada para avanzar el reino de tu marido o de Su trabajo?

¿Cuántas de tus treinta mil minas estas gastando en no construir su reino? ¿Y qué tipo de recompensa esperas conseguir, cuando no tratas de ayudarlo?

Cielos Nuevos y Tierra Nueva

Como explicamos en “Apocalipsis y el Fin de los Tiempos”, Isaías nos dice que en el momento en que lleguemos a los cielos nuevos y a la tierra nueva (después del Día del Juicio que sigue el final del milenio), ni siquiera vamos a recordar lo que pasó en esta vida. Piensa en eso por un momento.

Yeshayahu (Isaías) 65:17-25
17 “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni vendrá más al pensamiento”.

Después de que pase el Día del Juicio, ni siquiera vamos a recordar el tiempo que pasamos viendo la televisión o las películas de Hollywood. No vamos a recordar nuestras vacaciones pescando. Tampoco nos acordaremos del tiempo perdido, en el cual estuvimos desperdiciando las minas que habría sido mejor haberlas gastado promoviendo el reino de nuestro esposo.

Cuando todo está dicho y hecho, lo único que se recordará es la recompensa que recibimos por cada mina que utilizamos para ayudar a sembrar la semilla de nuestro Maestro.

Luqa (Lucas) 19:16-19
16 Vino el primero, diciendo: Adon, tu mina ha ganado diez minas.
17 Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.
18 Vino otro, diciendo: Adon, tu mina ha producido cinco minas.
19 Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.

Entonces, ¿cuántos días (o cuantas minas) nos quedan para gastar por Él? ¿Y cómo vamos a gastar lo que nos queda de esta fuente de minas (tiempo), para que esto beneficie a nuestro rey, a nosotros mismos y a nuestros hijos?

Cada momento en que somos conscientes de esta cuestión, esto crea en nosotros un “corazón sabio”.

Un Corazón Sabio

Moshé HaNavi le pidió a Elohim que nos enseñara a contar nuestros días, para ganar un corazón sabio.

Tehillim (Salmos) 90:10-12
10 Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos.
11 ¿Quién conoce el poder de tu ira, Y tu indignación según que debes ser temido?
12 Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.

La sabiduría que viene del contar nuestros días es darse cuenta de que sólo tenemos una cantidad finita de tiempo para construir una recompensa para nosotros. Y, al igual que el dinero terrenal, si no gastamos nuestras treinta mil minas sabiamente (no en fiestas, en placeres para nosotros mismos), pronto todas nuestras minas se gastarán, y nos quedaremos sin nada.

Al darnos cuenta de que nuestros días son limitados, y que debemos ganar nuestra recompensa eterna, ¿cómo estamos gastando nuestras minas? ¿Estamos gastando nuestros días ayudando al Hijo de David a edificar Su imperio, ganándonos una recompensa eterna (un lugar y un nombre eterno) para nosotros mismos? ¿Qué estamos haciendo por nuestro Marido hoy día? ¿Y qué piensas hacer por Su reino mañana?

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