Chapter 14:

Fase 4: Restaurando Su Orden

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Anteriormente vimos cómo la humanidad se rebeló contra Yahweh. Sin embargo, Yahweh no puede ser burlado, por lo que estableció una campaña multifacética y multi-fásica para devolver a un remanente de nosotros a una gozosa y esperada sumisión a Su autoridad.

El primer paso fue permitir que nuestros antepasados entren en la esclavitud en Egipto, lo que forjó nuestra identidad como nación. Entonces Él nos redimió de la esclavitud, y nos entrenó para ser su ejército. Sin embargo, nuestros antepasados aun así se rebelaron contra Él, entonces Él nos dispersó por todas las naciones. Esto cumplió las promesas dadas a Abraham, de que cada familia, clan y nación en el mundo serían herederos de la promesa de salvación en el Mesías Yeshúa, por esto deberíamos elegir someternos y servirlo voluntariamente.

Después del exilio Babilónico, Yahweh envió a su Hijo a la tierra como el Mesías Príncipe, para reunir a las ovejas perdidas y dispersas de Israel. La Concordancia Strong nos dice que la palabra “príncipe” se refiere a un comandante militar que lidera desde el frente.

H5057 naguíd; de H5046; comandante (como el que ocupa el frente), civil, militar o religioso; generalmente (abst. plural), temas honorables: capitán, caudillo, cosa excelente, jefe, mayor, oficial, príncipe.

Yeshúa el Comandante, levantó un cuerpo de oficiales espirituales (o un ejército espiritual) de doce discípulos, y los entrenó para dirigir a través del servicio. Luego les ordenó ir y hacer más discípulos en todo el mundo.

Mattityahu (Mateo) 28: 19-20
19 “Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, sumergiéndolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu apartado,
20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Amén.

La definición de “discípulo” se expandió más tarde para incluir no solo a aquellos que sirven en el ejército (el sacerdocio), sino también a aquellos que apoyan al ejército con su tiempo, talentos y diezmos. Es decir, Yeshúa honra tanto a los trabajadores a tiempo completo como a los que apoyan a tiempo parcial a Su causa.

En el estudio “Apocalipsis y el Fin de los Tiempos”, mostramos cómo hay tres religiones babilónicas que leudan toda la masa de la tierra. Estas son las tres variaciones principales de la fe Abrahámica: el Judaísmo, el cristianismo y el Islam. Estas religiones babilónicas libran una financiera, espiritual y literal guerra contra los habitantes de la tierra, y mientras luchan entre ellos, también conquistan otras naciones. Estas religiones ahora mismo se están confabulando para establecer un orden mundial sionista, que será derrumbado en la séptima trompeta. Entonces se nos dará el reino a nosotros, los apartados (santos) (para más detalles, ver el estudio Apocalipsis y el Fin de los Tiempos).

Aun cuando todas las creencias babilónicas comprenden algún aspecto de la verdad (la Torah), no pueden obedecer la verdad completa, porque tienen espíritus babilónicos egoístas. Por ejemplo, en el catolicismo (en el lado izquierdo del gráfico), la unidad que ellos tienen solo pueden lograrla suprimiendo la verdad. Los mesiánicos (en el lado derecho de la gráfica) tienen más conocimiento, pero no obedecen a lo que saben. Muchos de ellos buscan egoístamente recibir, en lugar de dar generosamente. No logran entender por qué Yahweh no los bendice con una unidad verdadera y duradera.

Debido a que tenemos un Espíritu diferente, buscamos dar (en lugar de recibir). Este tipo de madurez nos permite aumentar nuestro conocimiento, buscar un lugar de servicio y trabajar juntos para complacer a nuestro Esposo.

En las jerarquías piramidales Babilónicas, los líderes de élite están por sobre todos. Por el contrario, los Nazarenos visualizan a los líderes como si estuvieran en el fondo, al igual que la parte inferior de un árbol que soporta el peso de todas las partes superiores.

Con Yeshúa como la raíz, el sacerdocio sirve como el tronco. Transmiten los extractos de la humedad y los nutrientes del suelo dados por Yeshúa y los pasan a los ancianos y sirvientes de la congregación. El sacerdocio también apoya el peso de las asambleas. Las hojas están unidas como parte de un árbol vivo.

Los árboles vivientes solo son saludables cuando cada parte del árbol se da completamente al resto del árbol. Si alguna parte del árbol no se da a sí mismo con ánimo pronto, entonces este se enferma y el Maestro Jardinero cortará esa rama del árbol, y luego la quemará en el fuego (de la tribulación), para que el resto del árbol no se infecte.

Yojanan (Juan) 15: 6
6 “Si alguno no permanece en mí, es echado fuera como una rama, y se seca; y los recogen y los arrojan al fuego, y se queman”.

Nosotros podríamos cambiar la analogía a la de un cuerpo humano, y aún se aplicarían las mismas reglas. Los tejidos vivos dependen del intercambio de fluidos y la respiración. Para que haya salud, debe haber un intercambio equitativo. Nuestros cuerpos solo son saludables cuando cada parte del cuerpo se da al resto del cuerpo. Cuando todas las partes del cuerpo dan su parte, entonces el cuerpo crecerá y se edificará en amor. (Y si alguna parte del cuerpo no quiere hacer su parte, esta es una señal de que está enfermo o nauseabundo, y debe ser removido del resto del cuerpo.)

Efesim (Efesios) 4:16
16 en quien todo el cuerpo, ajustado y unido por lo que provee cada coyuntura, de acuerdo con la actividad propia de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en el amor.

Podríamos usar un amplio número de analogías, pero somos una nación, y como cualquier nación, tenemos ciertas necesidades que deben satisfacerse si queremos que nuestra nación sobreviva a la tribulación, y que además crezca en números, a pesar de ella.

Al no tener una tierra para defender, no necesitamos tener un ejército físico, pero todavía necesitamos un ejército espiritual (el sacerdocio). Para hablar claramente, también necesitamos contribuyentes (el pueblo), para apoyar la guerra que se libra en Su nombre.

En 1 Corintios 9, Shaul alentó a la gente a apoyarlo en la guerra espiritual de Yahweh. Aun cuando él cambia la analogía a lo largo del capítulo, el mensaje de Shaul es que la gente y los sacerdotes son socios en la victoria de Yeshúa. Si todos hacemos nuestra parte, juntos podemos poner al mundo en el orden correcto y ganar al mundo para nuestro Esposo.

Qorintim Alef (1 Corintios) 9: 7
7 ¿Quién va a la guerra a sus propias expensas? ¿Quién planta un viñedo y no come de su fruto? ¿O quién cuida un rebaño y no bebe de la leche del rebaño?

Si confesamos a Yeshúa como nuestro Comandante, y decimos que guardamos Su Torah, pero no pagamos nuestros impuestos (diezmos) para ayudar a Sus sacerdotes para cumplir Su misión, nuestro Rey no estará contento con nosotros. Si no nos alegra dar para Su causa, Él nos verá como simuladores, o traidores dignos de muerte.

Muchos de nosotros estábamos bajo un espíritu controlador en la iglesia Babilónica, en el cual pagábamos nuestros diezmos para que nos enseñen mentiras. Esto nos hace temerosos de la organización y el liderazgo, y nos hace que dudemos de dar alegremente nuestro tiempo, talentos, y diezmos para apoyar la Gran Comisión. Pero debemos darnos cuenta de que Elohim no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y una mente sana [dominio propio].

TimaTheus Bet (2 Timoteo) 1: 7
7 Porque Elohim no nos ha dado un espíritu de temor, pero de poder y de amor y de dominio propio.

Si permitimos que nuestras experiencias en la iglesia Babilónica nos impidan obedecer la voluntad de Yeshúa para nosotros hoy en día, entonces eso significa que no estamos amando a nuestro Esposo como deberíamos hacerlo, porque el amor perfecto hecha fuera el temor y el castigo.

Yojanan Alef (1 Juan) 4:18
18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor hecha fuera el temor, porque el temor implica castigo. Y el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

Yeshúa quiere un pueblo que esté dispuesto por hacer todo lo posible para vencer sus miedos, unirse en amor y hacer crecer Su reino. Estas son el tipo de personas con las cuales quiere pasar el resto de la eternidad.

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